Desde la aparición de los primeros modelos de inteligencia artificial para generar imágenes, me intrigó profundamente cómo una serie de procesos en la nube podía interpretar mis palabras y transformarlas en imágenes. Siempre encontré formas de enrarecer los resultados utilizando términos inusuales y planteando situaciones imposibles, lo que añadía un toque único y surrealista a las creaciones.
Con el tiempo, la calidad de los resultados mejoró notablemente. Los modelos fueron entrenados con mayor precisión, ganando flexibilidad pero perdiendo un poco de aquella magia inicial que los hacía tan impredecibles.


Es fascinante observar cómo la inteligencia artificial ha avanzado en la producción de imágenes, mejorando en definición, pero perdiendo un poco de la abstracción que antes ofrecía. Mi enfoque, que tiende hacia lo oscuro y lo inquietante, ha encontrado en estos modelos una herramienta interesante. Aunque no estén entrenados por mí, logro crear imágenes bastante originales, aprovechando las capacidades del modelo para explorar mis propios límites creativos. Es un proceso en el que, a pesar de trabajar con algo ya preconfigurado, encuentro espacio para imprimir mi visión única.
Actualmente, estoy trabajando en un programa de radio junto al cineasta José Ramón Aguilar. Tanto el guion, como los visuales y las voces, están siendo creados con herramientas de inteligencia artificial. Este proyecto, titulado Duerme Xalapa, Duerme, explora nuevas formas narrativas y estará disponible próximamente en diversas plataformas.
Considero que la inteligencia artificial es la herramienta que definirá el resto del siglo. Quienes no la adopten corren el riesgo de quedarse atrás, de la misma manera en que muchos se rezagaron en la era de la electricidad. La IA no solo transforma industrias, sino que reconfigura la manera en la que trabajamos, creamos y nos relacionamos con el mundo. Es un cambio tan profundo que marcará el pulso de la innovación en las próximas décadas.
